Bogotá, la ciudad del país con más riesgo por cambio climático

Imagen tomada de: www.eltiempo.com

Según análisis del Ideam, la capital lidera el ranquin de ciudades vulnerables a este fenómeno.

Seguridad alimentaria y recurso hídrico son las variables que mayor riesgo representan para Bogotá, y que sumadas a otras cuatro, dejan a la urbe en el número uno del escalafón de ciudades con mayor vulnerabilidad frente al cambio climático. Así lo dice el reciente ‘Análisis de vulnerabilidad y riesgo’, entregado por el Ideam la semana pasada.

Los datos incluyen un análisis en escalas departamental y municipal sobre lo que tendrán que enfrentar los territorios colombianos. Manuel Guzmán, docente especializado de la Universidad del Rosario, afirmó que “se observa una distancia enorme entre los datos científicos de la vulnerabilidad de Bogotá y la política de adaptación”.

El documento analiza la condición del territorio a partir de seis dimensiones: alimentos, salud, infraestructura, biodiversidad, vivienda y agua. Y revela qué tan sensibles son y la capacidad para adaptarse. Aunque se alerta sobre las deficiencias, la Secretaría de Ambiente apuntó: “Bogotá, como miembro de la red de megaciudades C40, está comprometida con el abordaje de temas de cambio climático y en la consecución de recursos para proyectos de adaptación”.

Salud

De acuerdo con el análisis del Ideam, la dimensión salud contempla la relación climática entre los ciudadanos y las enfermedades, bien sea por las constantes y fuertes precipitaciones en ciertos intervalos de tiempo o por las constantes variables en el clima de la ciudad.

Para el experto Manuel Guzmán, de la Universidad del Rosario, es vital evaluar la capacidad de adaptación que tiene la ciudad y sus habitantes frente a estos constantes cambios, teniendo en cuenta que la capital tiene microclimas que afectan su población. 

A eso se suma lo que le dijo Omar Franco, director de Ideam, a EL TIEMPO: “También habrá mayores riesgos de aparición de vectores y zancudos transmisores de enfermedades tropicales como el zika, el chikunguña, la malaria y el dengue”.

Hasta abril de este año, por ejemplo, la red pública de hospitales atendió 4.547 casos diarios de afectaciones respiratorias debido a la fuerte ola invernal.

Hábitat humano

El riesgo en cuanto a viviendas o hábitat urbano en Bogotá es más bien moderado; de hecho, es el único indicador que está en bajo nivel: 29,12 por ciento, que representa un valor de 0,15 en una escala de peligrosidad de cero a uno.

Sin embargo, la condición de algunas viviendas construidas en territorios con riesgo de remoción en masa o sensibles a otros fenómenos como las inundaciones las hará vulnerables y altamente sensibles ante los cambios del ambiente, producto del cambio climático.

Desde el año 1914, Bogotá se ha visto afectada principalmente por eventos de inundación y deslizamiento. En los últimos 30 años (1985-2015) se han registrado 165 eventos de inundación y 158 situaciones de deslizamiento, es decir, 34 y 32 % del total de fenómenos históricos reportados en la capital, respectivamente.

Ojo a la seguridad alimentaria

De acuerdo con el Ideam y teniendo en cuenta la variable de seguridad alimentaria, se han detectado varias razones por las cuales este territorio es uno de los más vulnerables frente al cambio climático.

El hecho de que en la ciudad no se produzcan los alimentos que se consumen sino que estos se deban traer de municipios cercanos, junto con la alta demanda alimentaria debido al gran número de habitantes, propician que la seguridad alimentaria presente hasta un 50 por ciento de amenaza.

“En términos generales, hay muy bajas superficies de cultivos, hay baja tecnificación, las áreas que hay no abastecen a la ciudad y hay una gran demanda de alimentos entre los ciudadanos que habitan la zona”, según Javier Mendoza, del Ideam, sin contar la alta densificación urbana que sufre la región, su principal abastecedor.

El agua, un recurso clave

El recurso hídrico es la segunda dimensión que presenta un alto riesgo y una gran vulnerabilidad ante el cambio climático, no solo porque implica la conservación de fuentes hídricas importantes como el páramo de Sumapaz, sino porque, al igual que con los alimentos, Bogotá tiene una dependencia externa alta en agua. Para abastecer a sus habitantes, o a gran parte de ellos, depende de cuencas que están en ecosistemas de zonas donde también tienen sus propias demandas.

Manuel Guzmán, profesor de la cátedra de cambio climático de la Universidad del Rosario, aseguró que además de trabajar por la preservación del páramo y los pocos ecosistemas hídricos de la ciudad, es importante también formular una política pública integral que permita atacar el problema desde todos sus flancos.

Infraestructura y biodiversidad

Frente a infraestructura, “el fenómeno de urbanización y los cambios en patrones de asentamiento son reconocidos como factores no climáticos que influyen en los tres componentes de vulnerabilidad al cambio climático: exposición, sensibilidad y capacidad de adaptación”, dice en el análisis. Pero hablar de infraestructura incluye la capacidad que tiene la ciudad en vías, aeropuertos, fuentes de energía (...) Bogotá se ha visto afectada históricamente por fenómenos como inundaciones y derrumbes frente a los que no ha demostrado una buena capacidad para adaptarse. 

“No tenemos fuentes alternas de energía, y tenemos una infraestructura que no es buena respondiendo a fenómenos como el invierno”, resaltó Javier Mendoza, del Ideam. 

Frente a la biodiversidad, el estudio indica que hay una gran cantidad de espacios verdes y ecosistemas que albergan la biodiversidad de la capital, pero, según el Ideam, dichos espacios no bastan para ayudar a contrarrestar el daño en el medioambiente.

“Mucha gente piensa que porque en Usaquén hay muchos árboles y parques es suficiente para toda la ciudad, pero si uno va ver en localidades como Bosa, Puente Arandao Kennedy, resulta que, comparada con otras ciudades, Bogotá tendría menos zonas verdes”, puntualizó Mendoza. 

De acuerdo con el documento, la ciudad tiene un 8,1 por ciento de riesgo frente a la biodiversidad.

En qué estamos

En un análisis realizado por la Fundación Corona, en compañía del Departamento Nacional de Planeación y otras entidades, denominado ‘5 retos de la Agenda 2030’, se plantea que “en Colombia no existe una política oficial que promueva la resiliencia urbana ni hay información para medir esta categoría, que es un enfoque que busca disminuir los riesgos del cambio climático sobre entornos urbanos, cada vez más densificados y con una alta vulnerabilidad a los efectos del clima”.

Así mismo, en cuanto a la emisión de partículas contaminantes, la capital, lo mismo que la mayoría de ciudades de Colombia, emiten partículas PM10 que superan el máximo recomendado (20): Yumbo, 89; Medellín, 65; Cartagena, 48; Bogotá, 44, y Cali, 24,7.

Otro indicador que genera atención es el de seguridad alimentaria, en el cual “la tasa de inseguridad alimentaria leve o moderada es alta: 27 % para Bogotá; 32,8 %, Cali; 36,8 %, Medellín y 46,9 % para Barranquilla”.

Frente a este tipo de observaciones, la Secretaría de Ambiente señaló: “Se han venido trabajando dos indicadores relacionados con las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático, que son ‘emisiones de dióxido de carbono (CO2) per cápita’ y ‘toneladas de CO2 equivalente reducidas’; y en el observatorio ambiental de la ciudad se cuenta con 52 indicadores adicionales que están relacionados con el tema”.

Fuente: www.eltiempo.com