“El río Bogotá es un canal con curvas”: Freddy Franco

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El experto en ingeniería sanitaria y ambiental cree que la mejor manera de salvar el río, uno de los más contaminados del mundo, no es construyendo barreras de cemento o lodo a sus orillas, sino inyectándole oxígeno para mejor la calidad del agua.

El río Bogotá nace en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón, y desemboca en el río Magdalena, en Girardót, con aguas que poco a poco van dejando su transparencia para transformarse en turbias, densas y malolientes, como consecuencia de la minería extractiva, las aguas residuales domésticas e industriales de más de 40 municipios, las curtiembres y la peligrosa presencia de cromo, plomo, hierro, detergentes, aceites y grasas que llegan directamente al afluente.

Dada su crítica condición, hace poco más de un mes, la Fundación Al Verde Vivo, de la mano de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), realizó el Foro Internacional de Restauración de Ríos en la Universidad Javeriana, con el fin de socializar y dar a conocer los procesos de restauración ecológica que se han adelantado en diferentes partes del mundo. La razón principal del encuentro era discutir el futuro del río Bogotála alcantarilla abierta más grande de Colombia, con un nivel de contaminación de 8 sobre 10, pero también para aprender de los errores internacionales y no insistir en técnicas que ya están mandadas a recoger en otros países y que algunos consideran obsoletas.

Freddy Franco, Ph.D. en medioambiente y director del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional, sede Manizales, fue uno de los ponentes del foro. En conversación con El Espectador, advierte sobre los riesgos de “canalizar” el río Bogotá.

¿De dónde viene la idea de canalizar los ríos?

Hace 200 años, cuando el hombre tenía la idea arraigada de ejercer dominio sobre la naturaleza, como sigue ocurriendo, se empezaron a construir grandes murallones al lado de varios ríos europeos como el Sena (Francia), el Támesis (Inglaterra), el Po y el Tíber (Italia). La idea que permeó durante mucho tiempo en la ingeniería fue canalizarlos, pues se habían convertido en grandes cloacas abiertas. Sin embargo, el problema es que, cuando a un río se le pone un corsé a los lados, se empieza a ver como si fuese un caño, alejado de la comunidad, un basurero distante que empieza a perder su forma, su rugosidad, su profundidad y su posibilidad de gestionarse.

¿Cuáles son las consecuencias de construir jarillones a orillas de los ríos?

Los ríos se vuelven lineales, lisos, desconectados completamente del subsuelo y sin la capacidad de expandirse, de tener una dimensión horizontal. Esto significa que no importa si se ponen árboles al lado del río, en realidad no están conectados, porque hay unas murallas de cemento o de lodo que no dejan que esto ocurra.

En ese sentido, ¿el proyecto de adecuación hidráulica del río Bogotá, que adelanta la CAR, es la mejor opción para el río?

Depende. Considerando la porquería de agua que tiene el río Bogotá, es lógico que la gente quiera separarlo, aislarlo, ponerle una barrera. Lo que me pregunto es: ¿qué estabilidad tienen esos muros que están construyendo en la cuenca media? Según vi en la última navegación que hice, algunos sitios ya están presentando erosión, no todos están empradizados y, con las lluvias, el paso del tiempo y un mantenimiento inadecuado, se van a ir desmoronando. Me pregunto: ¿quién va a estar pendiente de ellos constantemente y les va a hacer mantenimiento? ¿Quién los va a reconstruir? ¿Con qué plata? Porque un sistema completamente artificial como el que se tiene pensado para el río Bogotá requiere de plata para mantener su artificialidad.

Lo ideal sería que en la cuenca alta la CAR no hiciera lo mismo. Ahí el río Bogotá se encuentra mucho mejor, y ponerle barreras sería desconectarlo por completo. Si usted canaliza todo el río, las inundaciones se van a dar en la parte baja, del salto de Tequendama en adelante. Adicionalmente, el hecho de que la parte alta tenga zonas de inundación evita que la parte media se inunde.

¿Los jarillones realmente disminuyen el riesgo de inundación?

Cada vez que usted construye una obra para mitigar el riesgo, casi siempre trabaja para disminuir la amenaza. Pero también puede reducirse el riesgo alejando a la gente del agua y no el agua de la gente. Me explico: si usted aleja a la gente, está trabajando en la vulnerabilidad, pero si en cambio trabaja en construir muros para que la gente no se inunde, está trabajando en la amenaza. La primera hace referencia al factor social y humano, la segunda al factor físico.

La fórmula es la siguiente: riesgo = amenaza (factor físico) x vulnerabilidad (factor social/humano).

Entonces la gente empieza a construir porque se siente más segura, los jarillones le hacen creer que todo está bien. Pero cuando empiezan a construir cerca al río, la vulnerabilidad aumenta porque hay muchos más bienes materiales y personas viviendo cerca (entonces el riesgo se incrementa). Hay que tener claro que ninguna obra es estable. La ingeniería es presuntuosa.

¿Es una mala idea aislar el río mientras la calidad de su agua mejora?

No, pero no por ello hay que pensar que el río va a permanecer así. No vamos a estar vivos para después decidir sobre su futuro, pero más adelante se tendrán que quitar los jarillones. Estoy hablando de más de cien años, cuando el río Bogotá esté descontaminado completamente.

En este momento estamos haciendo lo que países europeos hicieron hace 200 y 100 años y ahora están deshaciendo: están descanalizando los ríos y nosotros, al contrario, no queremos aprender del pasado, insistimos en una ingeniería que ya no se usa y, peor aún, pareciera ser que no quieren hacerle caso a la academia.

Lo que yo veo es que no se ha avanzado prácticamente nada para mejorar la calidad del agua, falta mucho para tener las PTAR listas. ¿Usted qué opina?

Pienso lo mismo. Las dos plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR) no son suficientes para sanear el río Bogotá. Además faltan muchas otras aguas, porque no son sólo las domésticas e industriales las que hay que tener en cuenta, sino también las de lluvia y las comerciales. Ahora bien, todos los municipios deben tener plantas de tratamiento para tratar las aguas agropecuarias. ¿Cómo se va a controlar la contaminación difusa? ¿Cuándo van a construir las demás PTAR? ¿Ya están los predios y el dinero?

Todavía hay muchos vacíos técnicos y preguntas sin respuesta.Sin embargo, ya es un avance tener una sentencia que obligue al Estado a descontaminar uno de los ríos más cochinos del mundo.

Información tomada de: www.elespectador.com