Los nuevos líos de la Ciénaga Grande

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Palmicultores desviaron dos ríos claves que han intensificado la sedimentación. Cientos de familias, en vilo.

Hace dos semanas, a las oficinas de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) llegó una denuncia que volvía a prender las alarmas sobre lo que está pasando en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Varias máquinas habían vuelto a entrar a ese complejo de humedales para taponar una de sus arterias, el río Fundación. Unos agricultores habían decidido levantar una talanquera, taponando el curso natural del agua que debería llegar a ese complejo de humedales. No era la primera vez que lo hacían. Tampoco era la primera vez que llegaban ese tipo de alertas a los escritorios de Corpamag.

Desde que hace un año se supo de los 27 kilómetros de dique que estaba construyendo de manera ilegal una empresa ganadera, las intervenciones sobre el complejo lagunar más importante de Colombia no han cesado: además del río Fundación (y de las intenciones de ampliar la vía que conecta a Barranquilla con Santa Marta sin tener en cuenta el componente ambiental), hay otro mal que en estas semanas se ha cernido sobre la Ciénaga: otro de sus ríos claves, el Aracataca, también está padeciendo las presiones de palmicultores y bananeros que están tratando de impedir a toda costa que el agua, con sus altos niveles de sal, llegue a sus cultivos.

En palabras de Sandra Vilardy, una de las científicas que mejor han estudiado la Ciénaga, lo que está sucediendo en este momento en ese ecosistema, del que dependen más de 12 mil personas, se asemeja al funcionamiento de un riñón en mal estado. No le está entrando sangre para oxigenarlo y tiene tapada tanto la vena como la uretra. Es decir, que el lugar por donde entra agua se está sedimentando, los niveles de salinidad son altísimos y hay poco oxígeno. Todo eso produce un proceso de descomposición.

Y eso está haciendo que sectores como Trojas de Cataca, en medio de la Ciénaga Grande, lleguen al límite de la situación. Varias de las sesenta familias que viven ahí han empezado a desplazarse, porque no soportan los malos olores y no tienen mucho que comer. Los peces son cada vez más escasos, pese a que Aurelio Iragorri, ministro de Agricultura, les prometió en octubre recuperar los canales hídricos para reactivar la pesca.

En respuesta a las denuncias y a la inoperancia de las autoridades que advierten los pobladores y varios académicos, Carlos Francisco Diazgranados, director de Corpamag, aseguró que ayer en la mañana, en compañía de la Gobernación del Magdalena y de la Policía, se llevó a cabo un operativo en el río Aracataca. “Capturamos a cuatro personas, decomisamos dos motobombas e inmovilizamos una maquinaria pesada. Propietarios de fincas de palma estaban desviando su cauce. Ya abrimos los respectivos procesos administrativos y vamos a formular las denuncias penales. Y pronto vamos a realizar operativos sobre el río Fundación”, dijo.

Sin embargo, para académicos como Sandra Vilardy, lo ideal es que se ataque el problema estructural de la Ciénaga Grande. Por ejemplo, como comenta un funcionario cercano a este proceso, hay muchas otras denuncias desatendidas. “Parques Naturales ha alertado varias veces sobre los incendios generados por la sequía y Corpamag no hace nada”. Además, cuenta, el gran problema del río Aracataca empezó hace ocho años y poco a poco se ha ido agrandando. Entonces el Incoder y los palmicultores, bajo el programa Agro Ingreso Seguro, construyeron diques donde se acumularon muchos sedimentos. “Y quedó un hilo de agua diminuto ingresando a la Ciénaga”.

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